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Morrales de lectura que viajan por Colombia
En julio de 2007 empezarán a llegar libros a 66 municipios, en la segunda fase de un proyecto de Fundalectura y el Programa Presidencial contra Cultivos Ilícitos.
A orillas del río Magdalena y abrigado por un calor que se puede oler y tocar, queda Puerto Wilches, en Santander. Hasta allí llegó en junio de 2006 un morral con historias de personajes cautivantes, poemas y manuales sobre cultivos y fauna fluvial, que seguramente apreciarían en un pueblo de pescadores y cultivadores de palma africana como este. Los libros no viajaron solos, Fundalectura envió también a un tallerista para enseñar a líderes comunitarios y adultos de la comunidad cómo podrían motivar a leer a la gente de su municipio. Cuenta Juan Carlos Posada, el tallerista, que “Veinte docentes de primaria y bachillerato volvieron a ser alumnos durante diez horas. Llegaron, cuaderno y lapicero en mano, con la expectativa pintada en el rostro. Se divirtieron como niños, escuchando la lectura en voz alta de la historia de Pepe, una zarigüeya que no puede dejar de reírse aunque le cueste la vida. Luego recordaron sus historias como lectores; se vieron a sí mismos deletreando los primeros cuentos o recibiendo un reglazo en la mano por no leer correctamente; alguien recordó que cuando aprendió a leer, leía cuanto letrero se le atravesaba. Algunos recitaron los poemas de su niñez y evocaron con nostalgia a un abuelo que a cambio de tabacos contaba historias”.
Esta escena se vivió en otros 71 municipios el año pasado y volverá a repetirse, a partir de julio, en 66 municipios más en donde se adelantan los programas de Familias Guardabosques y Proyectos Productivos, que forman parte del Programa Presidencial contra Cultivos Ilícitos, PCI, de la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional. Los morrales de lectura buscan generar oportunidades de educación para sus beneficiarios: campesinos agremiados en organizaciones de productores y familias campesinas, afrodescendientes e indígenas.
Dice Juan Carlos, que el encuentro con esas oportunidades dio lugar al momento más emotivo del encuentro en Puerto Wilches: “cuando los docentes abrieron el morral y encontraron pequeños tesoros de papel. Con cada libro una exclamación, como quien encuentra lo que hace tiempo se le ha perdido. Tan pronto tomaban un libro en la mano pensaban, como educadores, en su posible destinatario. Todos coincidieron en que el material era perfecto y necesario para la realidad de su municipio. Luego vivieron la experiencia de leer en voz alta una historia y reconocieron el valor de esta estrategia para formar lectores. Aprendieron a preparar una actividad de promoción de lectura, a conformar un club de lectores, a organizar tertulias literarias. Se encontraron con el escritor que cada uno lleva dentro y le escribieron una carta a su personaje de cuento favorito.
Contaron leyendas del Magdalena y evocaron anécdotas, cuando los invité a reconocer lo vital que es la oralidad en la construcción de la historia de su comunidad. Hicieron carteles promocionado libros del morral o anunciando actividades de promoción de lectura con él. Al final hicieron un cronograma para rotarlo por cada salón de clase de cada una de las instituciones educativas, rurales y urbanas, de Puerto Wilches”.
Los morrales de lectura, cuyas colecciones han sido diseñadas según las actividades agrícolas y ganaderas de las zonas a las cuales llegan, rotarán por las veredas de los municipios. En teoría, cada uno de estos podría recibir entre dos y diez morrales, por ello se han conformado diez colecciones distintas de 45 libros cada una: hasta 450 libros para todos: cuentos para los niños, novelas para los jóvenes y los adultos, libros informativos y manuales para cultivar, criar animales y cuidar el medio ambiente, que podrán enseñarles e inspirarlos a todos.