
Sus papás eran muy tradicionales. Los dos enseñaban literatura japonesa y ése era su único tema de conversación.
Haruki Murakami lo odiaba. A escondidas empezó a leer a los maestros occidentales del siglo diecinueve: Dostoyevsky, Balzac, Dickens. Luego se topó con la literatura americana contemporánea —Capote, Chandler, Carver— y finalmente descubrió el rock y el jazz. Después de terminar sus estudios universitarios, el aclamado escritor japonés abrió un bar de jazz llamado Peter Cat, esto le permitió tener el tiempo suficiente para escribir Tokio Blues (Norwegian Wood).
Además de acumular discos de jazz, escribir novelas y libros de cuentos cortos y traducir literatura norteamericana, Murakami también corre maratones. Dice que trotar lo ayuda a concentrarse y a escribir mejor.También dice que nunca planea sus novelas, que prefiere dejarse llevar por la historia misma y que solo escribiendo puede acceder a su subconsciente. Y aunque sus novelas son anárquicas, de argumentos barrocos y personajes excéntricos, su prosa es tan limpia como un mesón de aluminio pulido.
Dentro de su obra sobresale un libro de no ficción titulado Underground: the Tokyo Gas Attack and the Japanese Psyche. En esta obra, publicada originalmente en dos volúmenes, Murakami entrevista a los miembros del culto religioso Aum, así como a las víctimas del ataque terrorista que el culto perpetró en el subterráneo de Tokio en 1995.
El primer volumen, que contiene las entrevistas de hombres y mujeres que estaban presentes ese día en el metro, es un retrato escalofriante de la clase media japonesa. En el segundo volumen, Murakami registra las voces de los seguidores del culto Aum, gente marginal que nunca creyó en las promesas del boom económico de la posguerra y que buscó en la religión una respuesta a su inconformidad. Underground no es solo un registro esencial de la vida contemporánea japonesa, pues también revela la característica más significativa de la ficción de Murakami: tras la fachada de la cotidianidad se esconden deseos reprimidos que, si no son atendidos, eventualmente destruirán el mundo cotidiano del individuo. Underground también revela la incomodad que sienten los japoneses con el individualismo.
En una entrevista conLaura Miller, Murakami explica: “Nunca he pertenecido a ninguna compañía o a ningún sistema. No es fácil vivir así en Japón. La gente te valora por la compañía o el sistema al que perteneces. Eso es muy importante para nosotros. En ese sentido, siempre he sido marginal”. Luego, hablando sobre los trabajadores japoneses, el autor confiesa: “De veras, no entiendo por qué trabajan tan duro. Algunos se levantan a las 5:30 a.m. para llegar al centro de Tokio. Se demoran más de dos horas en tren, empacados.
Ni siquiera pueden leer un libro. Pero ellos lo hacen durante 30 o 40 años. Eso me parece increíble. Llegan a casa a las 10 p.m. y sus hijos están durmiendo. Solo los ven los domingos. Es horrible. Pero no se quejan. Entonces les pregunté por qué no lo hacían y dijeron que no servía de nada. Es lo que la gente hace, así que no hay motivo para quejarse”. Murakami denuncia ese estilo de vida que enferma la mente, ahoga el deseo y corrompe la imaginación y lo combate con una saludable dosis de erotismo y fantasía. Hard Boiled Wonderland and the End of the World, por ejemplo, está narrada en capítulos que alternan entre un mundo rural melancólico y un mundo caótico donde un hombre recorre calles y túneles en busca de pistas objetivas para resolver un caso. Ambos escenarios están conectados por el mismo protagonista, un detective privado que trata de resolver un enigma de proporciones metafísicas. En La caza del carnero salvaje, el protagonista anónimo va en busca de una oveja con poderes sobrenaturales que controla un buen número de corporaciones japonesas. El mismo personaje anónimo continúa su lucha contra las corporaciones que controlan Japón en Dance Dance Dance, una novela tremendamente oscura en la que Murakami arremete contra la corrupción espiritual que genera el dinero y el poder.
De veras, no entiendo por qué trabajan tan duro. Algunos se levantan a las 5:30 a.m. para llegar al centro de Tokio. Se demoran más de dos horas en tren, empacados. Ni siquiera pueden leer un libro. Pero ellos lo hacen durante 30 o 40 años... Eso me parece increíble.
El ataque en el subterráneo, según lo percibe Murakami en Underground, no es un acto aislado sino una revelación significativa sobre la sociedad japonesa. “Muchas partes del sistema social al que pertenecemos y en el que funcionamos”, reflexiona el autor, “están orientadas a reprimir la búsqueda de la autonomía del individuo. Como dice el adagio japonés, ‘hay que martillar la puntilla que sobresale’”. Los héroes de Murakami y sus bizarras compañeras son las puntillas que sobresalen. Estos tienden a ser hombres solitarios, desepleados o que trabajan por su cuenta, que pasan gran parte de su tiempo en casa, cocinando pasta, oyendo jazz, pensando en la mujer que acaba de dejarlos.
La partida repentina de la mujer destruye la calma aparente de sus vidas y los obliga a lanzarse a la búsqueda de su propia identidad en ambientes mundanos y, a la vez, fantásticos, usualmente en compañía de mujeres jóvenes, hermosas y excéntricas con poderes paranormales. Yuki en Dance, May Kasahara y Malta Kano en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Miss Saeki en Kafka en la orilla y Kiki en La caza del carnero son mujeres realmente entrañables dotadas de una sensibilidad asombrosa y una capacidad de entendimiento superior, cualidades cruciales para la extraña búsqueda del protagonista.
Es así como estos hombres y sus compañeras habitan mundos donde las fronteras que separan la realidad de la fantasía, lo normal de lo extraño, son porosas y, a veces, invisibles. Algunos críticos japoneses han acusado a Murakami de ser un mero productor de libros comerciales y sienten que la influencia de la cultura popular occidental en su obra lo aleja de la tradición literaria japonesa. No obstante, con novelas como Crónica del pájaro y Al sur de la frontera, al oeste del sol, Murakami ha demostrado que su obra posee la latitud estilística, la complejidad temática y la riqueza histórica que la ficción estrictamente comercial carece. Crónica del pájaro es una novela monumental con un elenco de personajes extenso que incluye desde un veterano de la ocupación japonesa de Manchuria antes de la Segunda Guerra Mundial hasta un espiritista llamada Nuez Moscada.
La novela aborda las consecuencias a nivel personal y a nivel colectivo de distintas formas de violencia. Al sur de la frontera, por el contrario, es una novela íntima, muy breve, sobre Hajime, un hombre casado que se reencuentra con una amiga de la infancia. Los encuentros con Shimamoto empiezan a erosionar poco a poco la percepción de la realidad de Hajime hasta el punto en que él mismo duda si todo realmente ocurrió. Esta novela, sin duda la más hermosa de todas, tiene un estilo controlado, un argumento simple y un tono melancólico que demuestran versatilidad de la voz literaria de Murakami y lo posicionan como uno de los autores contemporáneos más audaces y refinados que yo haya leído.
Catalina Holguín Con pregrado y posgrado en literatura en Canadá, ha colaborado para distintas publicaciones culturales colombianas y norteamericanas. Actualmente se encuentra en Asia, escribiendo, traduciendo y viajando.